Especial Diario El Popular
Manuel Vásquez.
En las ondulantes colinas de Lobatera, un rincón olvidado de la frontera entre Venezuela y Colombia en el estado Táchira, nació Hidelman Alviarez. No fué un nacimiento anunciado con fanfarrias, sino uno marcado por el eco de las montañas andinas y el rumor de los ríos que separan dos naciones hermanas. Lobatera, con su aire fresco y sus caminos empedrados que serpentean en esta hermosa región, fue el escenario inicial de un niño que desde temprana edad mostró una afinidad natural con las palabras y las melodías. "Allí, en esa frontera viva, se aprende a hablar con el mismo acento, ser puente entre mundos", recordaría años después en una de sus intervenciones radiales, con esa calidez que lo caracteriza.
Hildeman Alviarez , es comunicador social de pura cepa. Formado en Mérida, el corazón académico de los Andes Venezolanos, ingresó al mundo de la Locución en los años 80, cuando la radio aún era el latido principal de las comunidades rurales. Mérida, con sus universidades vibrantes y su tradición de intelectuales errantes, le dio las bases: no solo cómo modular la voz, sino cómo usarla para unir, para sanar, para informar. Sus primeros pasos fueron en emisoras locales, donde narraba noticias del páramo y las fiestas patronales, siempre con un toque particular que delataba su destino inevitable hacia Barinas.
El Salto a los Llanos: Contrapunteo y el Llamado de Barinas
El se traslado a Barinas, allá por el año 1985, no fue casualidad. Procedente de Mérida, Hidelman llegó con una maleta llena de pasión y se impregnó de joropo al trabajar en *Contrapunteo *, el programa que se convirtió en su hogar radial por más de 30 años. Radio Continental, esa emisora icónica que ha sido testigo de las transformaciones de los llanos, lo recibió con los brazos abiertos. *Contrapunteo * no era solo un espacio de música; era un ritual semanal — ese programa dominical, formador y plataformas de lanzamiento artístico de tantos talentos que han dado sus frutos en el pentagrama musical criollo — se entretejía con anécdotas de campesinos, chistes de arrieros y reflexiones sobre la vida dura de la región. Hildeman, con su voz grave y su risa contagiosa, moderaba como un maestro de ceremonias, elevando a anónimos a la categoría superior.
Como locutor comercial fueron muchos sus éxitos con excelentes cuñas publicitarias y con estilo romántico cautivó las noches con la hora de los novios .
Hizo yunta con el recordado Avelino Herrera en las emocionantes transmisiones deportivas, al igual que con el no menos recordado Oswaldo Bello, quienes conducían dinámicamente los domingos contrapunteo, Hildeman lo recordaba como un "hermano de micrófono", compartiendo anécdotas de contrapunteos que duraban horas y que, en su voz, cobraban vida eterna.
Con 40 años de servicio ininterrumpido en Barinas —un hito que pocos pueden jactarse de alcanzar en tiempos de radios digitales y algoritmos impersonales—, Hidelman ha sido más que un conductor de programas. Ha sido cronista de la historia viva: cubrió inundaciones que arrasaron fincas enteras, elecciones que dividieron familias, y ferias criollas donde el aroma a carne asada se mezclaba con el sonido del arpa. En una entrevista improvisada en 2015, durante una edición especial de *Contrapunteo*, confesó: "Barinas me adoptó, pero yo la quiero como a una madre. Aquí no hay fronteras en el alma".
Un Buen Amigo: Carisma que Trasciende el Éter
Lo que hace de Hidelman Alviarez una figura entrañable no es solo su trayectoria ardua —esa que lo vio madrugar en Mérida, cruzar montañas para llegar a Barinas y resistir, sino su esencia humana. Amigos y colegas lo describen como "un servidor social con micrófono". En momentos apremiantes de amigos y no amigos , Hidelman usó su espacio para organizar colectas, convirtiendo *Contrapunteo* en un momento de apoyo improvisado. No es político, es amigo del pueblo.
Su carisma es legendario: una bondad que se manifiesta en gestos simples, pero sinceros para saludar a un oyente, para alegrar a un niño que llamaba desde un caserío remoto. En una región donde la radio era el único lazo con el mundo exterior —para llaneros que arrean ganado bajo el sol implacable o madres que esperan noticias de hijos.
Hoy, con más de 60 años a cuestas (aunque su energía desafía el calendario), Hidelman sigue activo, adaptándose a podcasts y transmisiones en vivo por redes.
Legado de Bondad: Un Servidor que Sigue Sonando
La trayectoria de Hidelman Alviarez es un contrapunteo perfecto entre sus orígenes en Lobatera, sus inicios en Mérida y su consagración en Barinas: un hombre que ha tejido 40 años de servicio con hilos de carisma y empatía. En un país donde las voces independientes son tesoro escaso, Hidelman representa lo mejor de la tradición radial venezolana: no solo informa, sino que une, consuela y celebra. Como buen amigo y servidor social, su bondad trasciende las ondas hertzianas; es el eco de una Venezuela generosa, fronteriza y llanera.
En palabras suyas, cerrando una edición de *Contrapunteo*: "La radio no muere, se transforma. Y mientras haya un oyente que sueñe, yo seguiré aquí, contrapunteando con la vida". Su verdadero monumento es el cariño de quienes lo escuchan. Hidelman Alviarez: un buen hombre, se necesitan más como él.
*(Este reportaje se basa en testimonios orales recopilados de la comunidad radial barinesa y mis vivencias, mis aventuras en el medio del folclor)*


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