"Guaicaipuro Devora Vidas: Una Hermana Desesperada Exige Libertad para Sus Seres Queridos Antes de Que Sea Demasiado Tarde"
Barinas, Venezuela - 25 de febrero de 2026, R/D/G- En el corazón de la oscuridad carcelaria del Fuerte Guaicaipuro, donde el eco de gritos ahogados y el olor a miseria se mezclan en el aire cargado de opresión, una voz rota rompe el silencio: la de Zuly Méndez, hermana de Miguel Plaza Méndez, un hombre que ha perdido cinco años y siete meses de su vida en cautiverio, y entre eso seis meses en esa prisión que no es más que un campo de batalla contra la dignidad humana. "Allí están en malas condiciones de salud y alimentación', declara con lágrimas contenidas, mientras describe escenarios que helan la sangre: presos políticos con ACV devastadores, otros que pierden la noción del tiempo y desconocen a sus propias familias, sumergiéndose en un vacío sensorial que parece arrancarles el alma pieza por pieza.
Este testimonio no es un relato aislado; es el grito colectivo de decenas de madres, esposas e hijos que vigilan desde las puertas de cárceles como Guaicaipuro, el centro de detención militar que ha pasado de ser un monumento histórico a un laboratorio de tortura sistemática. Desde julio de 2025, 32 presos políticos -incluso militares-- han sido trasladados allí en el marco del Caso Gedeón, enfrentando hacinamiento extremo, desnutrición progresiva y negligencia médica que amenaza con convertir estas celdas en tumbas silenciosas. Familiares como Zuly han sido testigos de la decadencia: visitas interrumpidas, alimentos insuficientes que provocan debilidad extrema y un ambiente de terror psicológico que deja huellas irreversibles. "Son casos de ACV, gente que pierde sus cinco sentidos", advierte ella, recordando cómo ha visto con sus propios ojos la realidad brutal detrás del mito de "cárcel de tortura". Hoy, estos hombres y mujeres corren el riesgo inminente de morir por hambruna indirecta, mientras el gobierno ignora las alarmas globales.
La crisis sanitaria en las prisiones venezolanas alcanza niveles catastróficos: según el Observatorio Venezolano de Prisiones, 3.528 muertes han ocurrido desde la creación del Ministerio de Justicia, impulsadas por falta de medicamentos, personal médico y saneamiento básico. En Guaicaipuro, la situación es aún más aguda, con prisioneros políticos como los del Caso Gedeón padeciendo aislamiento prolongado y transferencias arbitrarias que agravan el trauma. Organizaciones como Foro Penal reportan 800 detenciones políticas totales, con apenas 50 liberaciones parciales desde enero de 2026, dejando a miles en riesgo vital.
La Misión Internacional de Determinación de Hechos de la ONU califica estas excarcelaciones como "insuficientes"y exige la liberación incondicional de todos, antes de que la tragedia culmine en más pérdidas irreparables.
Zuly Méndez no busca compasión individual; su llamado es universal: "Libertad para todos los presos políticos, no solo para Miguel". Ella insta a las autoridades a actuar con urgencia, recordando que"'hoy son ellos, mañana no sabemos quién más puede caer". En un país donde la democracia se erosiona diariamente, esta es la hora de confrontar la barbarie institucionalizada. Movimientos políticos y líderes opositores, junto con voces
internacionales, exigen que el gobierno cumpla con la Ley de Amnistía recién aprobada en la Asamblea Nacional, que podría salvar vidas si se implementa sin filtros ni dilaciones.



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