El 21 de enero de 2015, Nicolás Maduro señaló al Coronel José de Jesús Gámez Bustamante en cadena nacional y dijo: “Que ese coronel se pudra en la cárcel”. Lo condenó a muerte públicamente. Han pasado 13 años. Maduro cumple.
Conocí al Coronel Gámez en El Helicoide. Un militar patriota, comprometido con la institución, la libertad, los valores democráticos y el respeto a la Constitución. Ya cuando lo vi, hace nueve años, su salud estaba deteriorada. No me imagino cómo debe estar hoy. Las fotos hablan por sí solas.
Su caso es uno de los más emblemáticos de los derechos humanos en Venezuela. Maduro dictó sentencia de facto antes que cualquier tribunal. Sentencia política, no judicial.
Sirvió más de 30 años en la Guardia Nacional Bolivariana. Lo acusaron de magnicidio, “guerra económica”, terrorismo. Nunca presentaron pruebas. Nunca le hicieron juicio. Lo golpearon en el SEBIN en presencia de Katherine Harington, hoy viceministra.
Ha sufrido dos accidentes cerebrovasculares. Hoy está totalmente ciego. Paralizado. Con tuberculosis pleural. Perdió más de 40 kilos. El caso más urgente de ayuda humanitaria en las cárceles venezolanas.
Aunque la Constitución prohíbe la pena de muerte, el Coronel Gámez está siendo ejecutado por omisión médica. Pena de muerte de facto. Tortura blanca.
La ley de amnistía no incluye a quienes de verdad representaron una amenaza para la narcodictadura. Por eso sigue preso. Su caso es el mensaje a las filas militares: si disientes, este es tu destino.
13 años sin juicio. Totalmente ciego, paralizado, tuberculoso. Es un mártir en vida. Su estado es la evidencia más contundente contra el discurso de derechos humanos del régimen.
Porque la VERDAD no se pudre en las cárceles.”
Manuel Chacín

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