*Dr. José Gregorio Colina*
Padres sin ingresos ni oportunidades enfrentan una batalla imposible por uniformes, útiles, transporte, desayuno, merienda, almuerzo y cena. Cuando son varios hijos, ya no es preocupación: es desesperación.
El regreso a clases, que debería estar asociado con la alegría de volver a encontrarse con los compañeros, estrenar un uniforme, abrir cuadernos nuevos y comenzar una etapa llena de aprendizajes y expectativas, se ha convertido para muchas familias en un verdadero motivo de angustia.
Para padres y representantes que no cuentan con ingresos suficientes, empleo estable ni oportunidades laborales, el inicio del año escolar representa una pesada carga económica que deben asumir prácticamente solos. La emoción por el comienzo de un nuevo período académico queda desplazada por una preocupación mucho más urgente: cómo reunir el dinero necesario para que sus hijos puedan asihstir a clases en condiciones dignas.
La lista de necesidades parece interminable. Uniformes, zapatos, medias, ropa deportiva, útiles escolares, cuadernos, lápices, colores, borradores, sacapuntas, mochilas y materiales exigidos por los centros educativos son apenas una parte de los gastos. A esto se suma algo todavía más fundamental: garantizar que los niños puedan desayunar antes de salir de casa, llevar una merienda y cubrir el transporte público.

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