"A los maestros de Venezuela: ¡La vocación no puede seguir financiando la indolencia del Estado!"
Obispos, Barinas. En el marco de la profunda crisis estructural que golpea al sistema educativo venezolano, el luchador social Oscar Gil fijó una posición contundente en respaldo al magisterio educativo, denunciando que las condiciones actuales de los docentes representan una vulneración sistemática y criminal de sus derechos humanos básicos.
La realidad que viven en las aulas no es una dificultad temporal, es una agresión continua. Les han arrebatado la estabilidad económica con salarios de miseria que violan el artículo 91 de la Constitución y se ubican muy por debajo del umbral de la pobreza extrema. Les quitaron la seguridad social, destruyeron los contratos colectivos y pulverizaron sus HCM. Hoy, el Estado venezolano pretende sostener el sistema escolar a costa de su hambre, exigiéndoles que paguen de sus propios bolsillos desgastados los pasajes para ir a trabajar y los materiales pedagógicos para dar clases.
¡Esto no es vocación, esto es explotación institucionalizada! Un educador sin comida en su mesa, sin zapatos dignos para caminar y sin medicinas para sus hijos no está ejerciendo una profesión, está sobreviviendo a un sistema hostil. El colapso de la infraestructura escolar y el abandono de los planteles, denunciado firmemente por las federaciones del sector, son el reflejo del desprecio gubernamental hacia el futuro del país.
Por eso: el miedo no puede seguir ganando la partida. El aula de clases es un espacio de libertad, no de sumisión. Como reza una premisa histórica de nuestras luchas: 'Un maestro que no lucha, enseña a las generaciones futuras a ser esclavos'. No podemos permitir que la resignación sea la lección que hereden nuestros niños y jóvenes.
La crisis humanitaria compleja que vive la educación no se va a resolver con promesas vacías ni con bonificaciones humillantes que no inciden en sus beneficios reales. La única vía es la articulación, la protesta activa y la exigencia indoblegable de sueldos justos indexados, el restablecimiento inmediato del seguro social y la dignificación real del gremio.
La sociedad no puede ser un espectador, por el contrario, un militante más en la defensa de sus derechos. La reconstrucción de Venezuela no empezará en los despachos ministeriales; comenzará el día en que la dignidad del maestro vuelva a ser la máxima prioridad de esta nación. ¡A levantar la voz, a organizar la resistencia y a exigir lo que por derecho les corresponde!"
Lcdo. Oscar Gil
Dirigente social


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